«Es posible que la figura del ingeniero esté peor valorada en nuestro país que en el extranjero»

  • ¿Qué motivos te empujaron a estudiar ingeniería?

Bueno, es obvio que se me daban mucho mejor las ciencias que las letras, por lo que tenía claro que iba a hacer una carrera de ciencias. Y la ingeniería siempre me ha gustado y tenía un importante prestigio; además, a principio de los años noventa la ingeniería técnica industrial tenía muchas salidas laborales, al igual que ocurre en la actualidad.

  • ¿En qué especialidad has desarrollado tu labor profesional?

En la carrera hice mecánica, en concreto la especialidad de estructuras, pero lo cierto es que nunca me he dedicado a ello. Comencé a trabajar como técnico de prevención en el departamento de seguridad y salud de Etosa en enero del año 2000, sin haber terminado todavía la carrera, y desde entonces siempre he trabajado como profesional de la seguridad y salud. Acabé la carrera a finales del año 2000 y en abril de 2003 se creó en Etosa el servicio mancomunado de prevención, el cual dirijo desde entonces.

  • ¿Cómo valoras el momento actual de la profesión?

Pienso que es un buen momento. Nuestra profesión siempre tiene una alta demanda de trabajo, dada su especialización y lo polivalentes que somos los ingenieros; incluso en la época de crisis de hace 10 años, algunos puestos tenían mucha demanda.

Respecto a mi especialidad, la seguridad y salud, siempre hemos ido un pasito por debajo debido a que, en mi opinión, la sociedad y parte del tejido industrial no ha entendido muy bien nuestro trabajo y la importancia que tiene este. No solamente trabajamos para proteger el bien más preciado para un trabajador, su seguridad y salud, su integridad física y psíquica; sino que debido a que evaluamos todos los puestos de trabajo existentes en nuestras organizaciones, tenemos un conocimiento profundo de toda la empresa, mayor en muchas ocasiones que los propios departamentos de recursos humanos. Esa valiosa información que tenemos en muchos casos es desaprovechada.

Por último, a aparición del Covid a comienzos del año 2020 nos ha dado una mayor visibilidad; muchos compañeros lo han interpretado como un marrón, como que se ha  utilizado a los técnicos de prevención y a los servicios de prevención como posibles cabezas de turco. En mi opinión no es tan exagerado, pero sí que es cierto que nuestro protagonismo ha sido para exigirnos una responsabilidad que no teníamos y nunca debiéramos haber tenido. Pero como soy una persona optimista, creo que hemos aprovechado esto para hacernos más visibles en nuestras empresas, o al menos ese debería haber sido el objetivo. En mi caso, afortunadamente el servicio de prevención está bastante valorado, no ha sido necesaria una pandemia.

  • ¿Qué principales retos crees que afrontará nuestro sector en los próximos años?

Creo que estos últimos años las empresas han tenido que adaptarse: en primer lugar a la competencia de otros países europeos donde la evolución tecnológica es muy importante y la competencia es feroz; y en segundo lugar a los países asiáticos, que con otro concepto empresarial dificulta competir con ellos. Este es un reto importante para las empresas españolas, crecer tecnológicamente al nivel de los más avanzados como Estados Unidos, Alemania, Francia, Corea del Sur, Finlandia, Países Bajos, Reino Unido o Suecia. Y para ello hay que invertir en innovación, algo que para la mayoría de Pymes les queda muy lejano. Estamos en el puesto 30 del ranking mundial en innovación.

Un ejemplo lo tenemos con el tema de la aparición del Covid y el cambio en las formas de trabajo, donde se ha tenido que apostar fuertemente por el teletrabajo en muchas actividades de las empresas. La mayoría de organizaciones no están preparadas para que muchos de sus trabajadores realicen teletrabajo; primero porque no tienen la tecnología necesaria para ello; y después porque es complejo establecer criterios de productividad para estos trabajadores. Creo que el teletrabajo es un termómetro que mide la madurez empresarial de un país; y esta madurez no llega de la noche a la mañana. Una pandemia puede ayudar a agilizar el proceso, pero la falta de unos pasos previos hace que esta transición se haga con muchas lagunas y seguramente de forma traumática en muchas empresas. Por no hablar de la inseguridad jurídica que hay actualmente con el teletrabajo, sobre todo a nivel laboral, a pesar de la publicación de la Ley 10/2021 de trabajo a distancia.

Por último, creo que en España tenemos un importante reto respecto a la baja productividad. Somos un país donde importa más el presentismo que el resultado, estar en la empresa acumulando horas que cumplir objetivos medibles. Somos el décimo país de la UE en cuanto a productividad, superados por países más pequeños, que quizás tienen más facilidad para encabezar el ranking por la forma en que se mide, pero también países como Francia o Alemania tienen una mayor productividad que España. Este tema es una importante asignatura pendiente en mi opinión.

  • ¿Un proyecto del que haya formado parte del que se sienta especialmente orgulloso?

Lo cierto es que estoy orgulloso de muchos proyectos en los que me he embarcado en estos más de 22 años de profesión. He sido bastante prolijo en la escritura. La coautoría del libro sobre Seguridad en Construcción de la Editorial Thomson Reuters Aranzadi o mi reciente participación en el Memento de PRL de Francis Lefebvre, a pesar del ingente esfuerzo que me ha supuesto, me llenan de orgullo.

Otros asuntos como la creación de la Asociación Murciana de Prevencionistas o la intervención en numerosos juicios como perito donde se ha podido evitar penas de cárcel para compañeros donde consideraba injusta su imputación, han sido importantes para mí. Pero de lo que más satisfecho me siento es de mi labor al frente de Etosa, donde creo hemos mejorado en mucho las condiciones de seguridad y salud de todos nuestros trabajadores y de las empresas y trabajadores subcontratados por nosotros. Pienso sinceramente que esta labor ha salvado vidas; y creo que no hay nada más valioso. Esto ha sido un trabajo de todo el equipo humano de la empresa, que no hubiese sido posible sin la decidida implicación de la Dirección.

  • Asesoría, formación… ¿Qué tipo de ayuda valora más de todas las que puede ofrecer un colegio profesional?

Creo que cada colegiado tiene una demanda diferente en función de su idiosincrasia. En primer lugar los colegios tienen que conocer las demandas de los colegiados, algo que no siempre es fácil; muchas veces esa información no les llega o les llega distorsionada.

Otro paso importante es que deben ser bandera en cuanto a las nuevas tecnologías, nuevas formas de hacer las cosas, etc. Un ejemplo es la formación virtual, que se ha impuesto al menos en este momento sobre la presencial; debe ser atractiva y enriquecedora, todo un reto.

Y quizás por encima de todo el asesoramiento. Cuando un profesional tiene un problema, lo suyo es lo más importante y prioritario. Los Colegios profesionales deben estar en disposición de dar una respuesta rápida y acorde con la demanda del solicitante. Y para eso deben rodearse de los mejores profesionales, expertos en cada materia que sea demandada.

  • ¿Piensas que la figura del ingeniero está peor valorada en nuestro país que en el extranjero?

Es posible. Desde luego en materia de seguridad y salud sí. Me consta que en países como Alemania o el Reino Unido lo que dice el técnico de prevención va a misa. Tiene un poder bastante importante. No es el caso de España.

Pero considero que el ingeniero en general está bastante valorado en nuestro país. Seguramente menos que en los países nombrados en esta entrevista, pero más que en otros muchos. Decía John Kennedy que “no había que preguntar que podía hacer tu país por ti, sino qué puedes hacer tú por tu país”. La pregunta que debiéramos hacernos es qué podemos hacer por mejorar esa valoración. Nunca me han gustado las personas y colectivos que reivindican protagonismo y relevancia cuando no están dispuestos a dar lo necesario para ello.

  • Un buen ingeniero… ¿Nace o se hace?

¿Ambas cosas? Somos polifacéticos, resilientes, con una importante capacidad de trabajo en la mayoría de los casos. Esto se hace, se trabaja; pero si no hay un poquito de esta aptitud previa, no creo que se pueda llegar a ser un buen ingeniero. Creo que la cultura del esfuerzo debe ser la filosofía seguida. Nada es gratis, ni nada importante se han conseguido sin un esfuerzo y constancia inquebrantables. Gustave Eiffel, Alfred Nobel, Nikola Tesla son ejemplos de ello.

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